Rusia: cuna de nuevos ricos

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Moscú se ha convertido en la ciudad más cara del mundo, con una concentración de multimillonarios parecida a Nueva York. Los concesionarios de coches de alta gama, las grandes firmas de moda, todo aquello que tenga algo que ver con la palabra lujo tienen un lugar en la capital de un país de contrastes. Mientras unos pocos disfrutan de una ingente cantidad de dinero, más del 60% de la población vive con menos de 250 euros al mes.

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Los magnates rusos hacen ostentación de su riqueza de una manera casi obscena, lo que compran debe ser rebuscado, sorprendente, grande, siempre muy caro. Algo que deje con la boca abierta al resto de sus amistades.
Claro ejemplo de esta filosofía es Román Abramóvich, el conocido dueño del club de fútbol ingles Chelsea, que entre sus últimos caprichos está la construcción de un velero de 200 metros de eslora o un viaje a la luna para el cual ha ofrecido la “pequeña” cantidad de 220 millones de euros a una agencia espacial rusa y ver así realizado su sueño.

Su fortuna personal se cifra en 14.000 millones de euros.Cada año se celebra en Moscú la llamada “feria de los millonarios”, cuya labor es ayudar a gastar todo ese dinero, ofreciendo desde pura sangres hasta helicópteros. El consorcio de empresas que se encarga de organizarla puede ganar en los tres días que dura el encuentro más de 500 millones de euros. Podemos encontrar en la feria: todo tipo de piezas de oro, joyas, móviles cubiertos de diamantes, vehículos de lujo de las más prestigiosas marcas, potros pura sangre por valor de un millón de euros, mini submarinos que alcanzaban los 16 millones y helicópteros de lujo, entre otros.
Otro de los nuevos ricos es M. Prójorov, cuya fortuna se estima en 10.000 millones de euros, invita a todos sus colegas a pasar unos días a la estación francesa de Courchevel, para ello, alquila un hotel completo, se ocupe entero o no y se traslada con todo su séquito de amigos, músicos y damas de compañía. En sus fiestas no faltan el champán más exclusivo y el caviar.

Estos nuevos ricos sienten verdadera pasión por el riesgo y el lujo. Aburridos de contar su dinero participan en extraños juegos en los que se hacen pasar por mendigos y van pidiendo limosna por las calles o prestan a sus mujeres para que se hagan pasar por prostitutas de lujo que piden desorbitadas cantidades de dinero en las esquinas, siempre bajo continua vigilancia por si ocurre algún percance ser rescatados al momento.

Asisten a fiestas de disfraces organizadas siempre en edificios históricos, organizan conciertos privados con grandes estrellas de la música que pueden llegar a cobrar más de dos millones de euros por menos de una hora de actuación o asisten a cenas organizadas por alguna estrella de Hollywood donde poder mostrar sus ultimas adquisiciones.

Imagén

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