
Con un espectacular despliegue de seguridad, el diamante Esperanza fue mostrado al público sin más adorno que la extraordinaria pureza de sus 45,5 quilates y los destellos que desprende al reflejarse la luz en su azul corazón.
Descubierto en el siglo XVII, ha pasado por numerosas manos. A principios de 1600 inicio un largo viaje desde la India a Francia, donde fue a parar gracias al afán de los mercaderes de piedras preciosas de la época por acceder a la corte de Luis XIV. El rey Luis XV heredó el diamante de su padre y este pasó a formar parte de la más alta joyería de la casa francesa hasta la Revolución. En el año 1792 se pierde su pista hasta que 20 años después es recuperado por un comerciante londinense, John Francillon, el cual se lo vende al rey Jorge IV de Inglaterra.
La corona británica decide venderlo y es en este momento cuando aparece el gemólogo Henry Philip Hope que decide comprarlo y llevarlo a Estados Unidos. El diamante pertenece a la familia Hope hasta el año 1901, momento en el cual lo pone de nuevo a la venta y pasa de mano en mano hasta 1912, que gracias a Evelyn Walsh McLean vuelve a Nueva York. Ella es la que adquiere el diamante y encarga a Cartier la realización de un diseño especial para poder lucirlo colgado de su cuello.
Cartier diseña y fabrica un collar de platino y diamantes con un medallón rodeado también de estas piedras preciosas y coloca en el centro la joya principal, el diamante azul Hope, de esta forma ha permanecido en el museo durante estos últimos 50 años.
El Hope ha servido de inspiración para otras joyas como el diamante también azul aunque de menor tamaño llamado "The Blue Heart" o algún otro que aparece en la superproducción Titanic de Hollywood.
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